El Consejo Municipal de Juventudes advierte que la decisión afectaría la educación, la movilidad y la estabilidad de miles de estudiantes.
La continuidad de la sede del SENA conocida como “La Casona”, en el municipio de Soacha, se encuentra en el centro de una creciente controversia entre la administración municipal, estudiantes y representantes juveniles. Más de 3.400 aprendices podrían verse directamente afectados ante un eventual desalojo del inmueble, actualmente en comodato desde 2018.
El Consejo Municipal de Juventudes (CMJ) elevó un pronunciamiento técnico en el que solicita la renovación del contrato y advierte sobre las consecuencias sociales de una decisión que, según indican, podría representar un retroceso en el acceso a la educación en el municipio.
Una sede clave para la educación en Soacha
Durante años, “La Casona” se ha consolidado como un punto estratégico para la formación técnica y tecnológica en el municipio. Su ubicación central permite que jóvenes trabajadores, madres cabeza de hogar y estudiantes de distintos sectores puedan acceder a educación sin necesidad de desplazarse largas distancias.
“El cierre no es solo un cambio de sede, es romper proyectos de vida”, señala el documento del CMJ, que enfatiza el principio de no regresividad en derechos sociales.
Estudiantes denuncian falta de condiciones en nueva sede
De acuerdo con testimonios recogidos, la posible reubicación hacia la sede de Ciudad Verde no garantizaría las condiciones necesarias para continuar los procesos formativos.
Algunos estudiantes aseguran que allí “no hay computadores ni herramientas tecnológicas suficientes”, lo que afectaría programas como animación 3D o desarrollo de software. Además, denuncian falta de cupos y dificultades de acceso por temas de movilidad.
“Me queda muy difícil llegar, no tengo cómo movilizarme hasta allá”, relató uno de los aprendices, evidenciando una problemática que se repite entre la comunidad estudiantil.
Plazos cortos y alta incertidumbre
Uno de los puntos más críticos es el tiempo de respuesta. Según versiones de estudiantes, el plazo para desalojar la sede podría ser de entre 10 y 30 días, lo que ha generado preocupación generalizada.
La falta de claridad institucional y de una transición planificada ha sido uno de los principales cuestionamientos hacia la Alcaldía de Soacha, a la que se le pide mayor articulación con el SENA y garantías para los estudiantes.
Impacto más allá de las aulas
El CMJ advierte que la decisión no solo afectaría a los estudiantes actuales, sino también a la dinámica social del municipio. La sede permite reducir desplazamientos hacia Bogotá, donde diariamente miles de soachunos deben movilizarse por falta de oferta local.
Eliminar este punto de formación implicaría aumentar la presión sobre el transporte, debilitar programas sociales y limitar oportunidades para jóvenes en condición de vulnerabilidad.
¿Falta de planeación?
Desde una mirada crítica, el caso deja en evidencia posibles fallas en la planificación territorial y educativa del municipio. La eventual recuperación del predio por parte de la Alcaldía, sin una infraestructura alterna completamente habilitada, podría derivar en suspensión de programas académicos, algo que incluso contraviene normativas del Ministerio de Educación.
Expertos y el propio CMJ coinciden en que trasladar un centro de formación técnica no es equivalente a mover oficinas administrativas, ya que requiere certificaciones, adecuaciones y tiempos que no parecen estar contemplados en el cronograma actual.
Propuesta: una transición sin afectar a los estudiantes
Ante este panorama, el Consejo de Juventudes propone una solución intermedia: extender el plazo de entrega, permitir el funcionamiento de talleres hasta finalizar el semestre académico y garantizar que cualquier reubicación se mantenga dentro de Soacha.
El llamado final es claro: priorizar el impacto social sobre las decisiones administrativas.
Un debate abierto
Mientras la Alcaldía no emite una respuesta definitiva que garantice la continuidad educativa, miles de jóvenes permanecen en incertidumbre. El futuro de la formación técnica en Soacha, y de quienes dependen de ella, sigue en juego.









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