
Las autoridades ambientales y la Policía Nacional realizaron un operativo en una institución de educación superior ubicada en la localidad de Usaquén, en el norte de Bogotá, donde fueron incautados de manera preventiva 23 animales silvestres, entre ellos 15 boas constrictoras y ocho tortugas de diferentes especies. La intervención se llevó a cabo durante una inspección de rutina para verificar las condiciones de tenencia y la documentación que respaldaba la permanencia de estos ejemplares en el lugar.
De acuerdo con el reporte oficial, durante la visita las autoridades encontraron inconsistencias en los documentos que acreditaban la legalidad de los animales utilizados con fines educativos y de exhibición. Ante esta situación, se ordenó la incautación preventiva de todos los ejemplares mientras avanzan las investigaciones para determinar si se cumplían las normas establecidas para la tenencia de fauna silvestre.
Tras el procedimiento, los animales quedaron bajo la custodia de la Secretaría Distrital de Ambiente, entidad que será la encargada de realizar la valoración médico-veterinaria de cada ejemplar, evaluar su estado de salud y definir el proceso de rehabilitación correspondiente. Dependiendo de los resultados, algunos podrían ser reintroducidos a su hábitat natural, mientras que otros permanecerían bajo manejo especializado si no reúnen las condiciones para ser liberados.
Las autoridades recordaron que la tenencia, comercialización y tráfico ilegal de fauna silvestre constituye un delito ambiental que pone en riesgo la biodiversidad del país. Por ello, hicieron un llamado a la ciudadanía para abstenerse de adquirir animales silvestres como mascotas y denunciar cualquier caso relacionado con estas prácticas ilegales.
Bogotá es uno de los territorios donde con mayor frecuencia se desarrollan operativos para combatir el tráfico de fauna silvestre. Las autoridades ambientales mantienen controles permanentes en establecimientos, terminales de transporte y otros puntos estratégicos para evitar que especies protegidas sean extraídas de su entorno natural o comercializadas de forma ilegal.
El caso ocurrido en la universidad vuelve a poner sobre la mesa la importancia de cumplir estrictamente la normatividad ambiental y garantizar que cualquier ejemplar de fauna silvestre utilizado con fines científicos, académicos o de conservación cuente con los permisos correspondientes y permanezca bajo las condiciones exigidas por la ley. Mientras tanto, las investigaciones continuarán para establecer las responsabilidades del caso y el futuro de los 23 animales rescatados.










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