El histórico entrenador argentino Miguel Ángel Russo falleció a los 69 años, dejando un legado imborrable en el fútbol sudamericano. Su trayectoria, marcada por la humildad, la fe y la pasión, inspiró a generaciones dentro y fuera de la cancha.
Un legado que trasciende los títulos
Miguel Ángel Russo no solo fue un técnico exitoso, sino un símbolo de perseverancia y respeto en el balompié latinoamericano. A lo largo de más de cuatro décadas dedicadas al fútbol, dirigió equipos emblemáticos como Boca Juniors, Vélez Sarsfield, Estudiantes de La Plata, Rosario Central, Lanús y Millonarios de Colombia. Su mayor consagración llegó con la Copa Libertadores 2007, obtenida con Boca Juniors junto a figuras como Juan Román Riquelme. En Colombia, se ganó el cariño eterno de la hinchada azul tras conquistar la Liga 2017-II y la Superliga 2018 con Millonarios, títulos que marcaron el renacer del club capitalino. Más allá de los trofeos, Russo fue admirado por su trato humano, liderazgo tranquilo y visión táctica, atributos que lo convirtieron en un referente indiscutible del fútbol moderno.
Luchar hasta el final.
Desde 2017, Russo enfrentó una dura batalla contra el cáncer de próstata y vejiga. Pese a las dificultades, nunca abandonó el deporte que amaba. Incluso en los momentos más críticos de su enfermedad, seguía dirigiendo y alentando a sus jugadores con una sonrisa. “El fútbol es mi lugar en el mundo”, solía decir. Esa pasión lo mantuvo activo hasta sus últimos días, al frente de Boca Juniors, equipo con el que trabajaba en la temporada actual. Su fortaleza inspiró a colegas, periodistas y aficionados que lo veían como ejemplo de superación.
Un adiós que une fronteras
La noticia de su fallecimiento generó una ola de mensajes y homenajes en toda Sudamérica. Clubes, jugadores y exdirigidos lo recordaron con afecto. Desde Colombia hasta Argentina, pasando por Perú y Paraguay, el sentimiento fue el mismo: el fútbol perdió a un caballero del deporte.
Millonarios, su club más querido fuera de su país, expresó:
“Gracias, Miguel. Nos enseñaste a creer y a soñar. Tu legado vivirá en el corazón de cada hincha azul”.
Más que un entrenador.
Russo fue, ante todo, un ejemplo de humanidad. Enseñó que la verdadera grandeza no se mide solo en títulos, sino en cómo se enfrenta la vida y se trata a los demás. Su figura se mantendrá viva en los recuerdos de quienes lo vieron dirigir con calma, fe y una convicción inquebrantable.
Hoy, el fútbol lo despide con respeto y gratitud.
Su historia, como sus enseñanzas, permanecerá escrita en la memoria del deporte.











Deja un comentario