Un terremoto puede durar apenas unos segundos. Pero en las profundidades de la Tierra, sus ondas pueden recorrer cientos o miles de kilómetros y alterar temporalmente el comportamiento de algunas estructuras geológicas. La pregunta que vuelve a aparecer después de cada gran sismo es inevitable: ¿puede un terremoto despertar un volcán?
La respuesta de la ciencia es sí, pero con una condición fundamental: no cualquier volcán puede ser “despertado” por un terremoto. Para que ocurra una erupción desencadenada por un sismo, el sistema volcánico debe encontrarse previamente en condiciones favorables, con magma susceptible de entrar en erupción y suficiente presión acumulada.
Colombia está sobre un territorio volcánico
Colombia forma parte del cinturón volcánico de los Andes y cuenta con numerosas estructuras volcánicas activas o potencialmente activas. El Servicio Geológico Colombiano monitorea permanentemente 25 estructuras volcánicas activas, mediante observatorios ubicados en Manizales, Popayán y Pasto.
Entre ellas están volcanes conocidos como el Nevado del Ruiz, Puracé, Cumbal, Nevado del Huila, Galeras, Cerro Machín y Nevado de Santa Isabel.
Sin embargo, que un volcán sea considerado activo no significa que esté a punto de hacer erupción.
Ese detalle es fundamental después de un terremoto: actividad volcánica, reactivación y erupción no son sinónimos.
¿Los terremotos pueden activar un volcán?
La evidencia científica demuestra que, en determinadas circunstancias, un gran terremoto puede modificar temporalmente un sistema volcánico.
Un sismo produce cambios de presión y tensión en las rocas. Además, sus ondas sísmicas pueden atravesar regiones volcánicas y modificar la circulación de fluidos, gases o agua dentro del sistema. En un volcán que ya se encuentra cerca de una condición eruptiva, esos cambios pueden contribuir a llevarlo un poco más cerca de una erupción.
Pero hay una diferencia enorme entre “puede ocurrir” y “está ocurriendo”.
Una investigación publicada en Nature Communications concluyó que las erupciones desencadenadas por terremotos son relativamente poco frecuentes y que lo más habitual es que el sismo produzca cambios menores en la actividad volcánica, especialmente en sistemas hidrotermales.
Otro estudio analizó terremotos de magnitud 4 o superior próximos a volcanes y encontró un dato revelador: aproximadamente el 11 % de las erupciones estudiadas estuvo precedido por al menos un terremoto M4+, pero solamente alrededor del 1 % de esos terremotos fue seguido por una erupción. Es decir, que ocurra un terremoto cerca de un volcán no significa que el volcán vaya a entrar en erupción.
¿Qué pasó con los volcanes colombianos después del terremoto?
Aquí es donde conviene separar los hechos de las especulaciones.
El Nevado del Ruiz ya mantenía actividad eruptiva antes del terremoto del 10 de agosto. Los reportes del Servicio Geológico Colombiano registraban actividad relacionada con movimiento de fluidos y el volcán permanecía bajo vigilancia.
Algo similar ocurre con el Puracé. El volcán ya presentaba actividad eruptiva de bajo nivel, sismicidad, emisiones de dióxido de azufre, anomalías térmicas y señales asociadas al movimiento de fluidos.
Además, el propio Servicio Geológico Colombiano había documentado desde 2025 señales de reactivación en el sector de Puracé, Piocollo y Curiquinga, relacionadas con un sistema magmático profundo y su interacción con un sistema hidrotermal. Este proceso comenzó antes del terremoto de agosto de 2026.
Por eso, no existe evidencia científica disponible que permita afirmar que el terremoto del 10 de agosto haya activado estos volcanes.
Entonces, ¿qué volcanes podrían reaccionar?
La ciencia tampoco puede elaborar una lista de volcanes que necesariamente vayan a despertar después de un terremoto.
Lo que sí puede establecer es que un volcán que ya presente señales como aumento de sismicidad, deformación del terreno, cambios en gases, temperatura o movimiento de fluidos puede ser más susceptible a experimentar cambios adicionales después de un gran sismo.
Por eso los científicos no observan únicamente si “el volcán tembló”. Analizan múltiples señales al mismo tiempo.
En Colombia, estructuras como Puracé y Nevado del Ruiz requieren vigilancia permanente precisamente porque ya presentan actividad volcánica propia. Eso no significa que una erupción sea inminente.
¿Y qué ocurre con los volcanes que están debajo del mar?
Aquí aparece una de las partes más sorprendentes de la historia.
Los volcanes no necesitan estar sobre tierra para entrar en erupción. Gran parte de la actividad volcánica del planeta ocurre bajo el océano. NOAA estima que aproximadamente tres cuartas partes de la actividad volcánica terrestre ocurre en erupciones profundas bajo el agua, mientras que una revisión científica publicada en Annual Review of Earth and Planetary Sciences señala que más del 70 % de la producción magmática de la Tierra ocurre en los océanos.
Algunos de estos volcanes permanecen completamente sumergidos. Otros crecen durante miles de años hasta acercarse a la superficie y, en determinadas circunstancias, pueden terminar formando una nueva isla.
Eso ya ha ocurrido.
En 2022, una erupción submarina en Tonga, en el sistema de Hunga Tonga-Hunga Ha’apai, produjo una explosión extraordinariamente poderosa que generó ondas de tsunami observadas incluso a grandes distancias.
En otros casos, una erupción submarina puede construir rápidamente una nueva masa de tierra. En 2022, por ejemplo, una erupción en el Pacífico produjo una nueva isla que llegó a ser visible desde el espacio.
El peligro no siempre está en la lava
Una erupción submarina profunda puede tener efectos relativamente pequeños en la superficie. Pero cuando el volcán está cerca de la superficie o provoca el colapso de una estructura volcánica, el escenario cambia.
Uno de los mayores riesgos es el tsunami.
Las erupciones submarinas, explosiones volcánicas, deslizamientos y colapsos de flancos volcánicos pueden desplazar grandes cantidades de agua y generar olas capaces de afectar las costas.
El caso de Hunga Tonga-Hunga Ha’apai demostró hasta dónde pueden llegar estos efectos: la erupción produjo tsunamis mediante varios mecanismos y generó señales atmosféricas y sísmicas detectadas alrededor del planeta.
La Tierra todavía guarda muchas respuestas
Los grandes terremotos pueden modificar sistemas volcánicos, pero no existe una regla que diga que después de un terremoto necesariamente vendrá una erupción.
Tampoco existe actualmente un método que permita señalar con certeza qué volcán será activado por un determinado sismo.
La investigación continúa. Los científicos estudian la sismicidad, la deformación del suelo, los gases, la temperatura, el comportamiento de las aguas subterráneas y otros indicadores para determinar cuándo un volcán está cambiando.
Por ahora, la conclusión más importante es también la más prudente: un terremoto puede alterar un volcán, pero no significa que lo haya “despertado”.
La Tierra funciona como un sistema profundamente conectado, pero todavía quedan muchas piezas por comprender. Bajo las montañas, y también bajo kilómetros de océano, existen volcanes que continúan siendo vigilados mientras la ciencia intenta responder una pregunta que sigue abierta: ¿qué señales dará la Tierra antes de su próxima gran erupción?










Deja un comentario