Para miles de personas, el día no comienza cuando llegan al trabajo. Comienza mucho antes, cuando todavía está oscuro y las calles de Soacha empiezan a llenarse de personas que buscan llegar a Bogotá.
El trayecto que conecta ambos municipios hace parte de la rutina de estudiantes, trabajadores y familias que cruzan diariamente la Autopista Sur. Un recorrido que puede convertirse en horas de espera, estaciones llenas y cambios de transporte antes de llegar al destino final.
Madrugar para llegar a tiempo
En Soacha, levantarse temprano no siempre significa simplemente tener unos minutos de ventaja.
Quienes trabajan o estudian en Bogotá deben calcular el tiempo del desplazamiento, las filas, la congestión y las posibles demoras. Salir de casa antes del amanecer se convierte para muchos en una necesidad para intentar llegar puntuales.
El problema es que el tiempo de viaje no termina cuando se suben al bus. También cuentan los trayectos desde el barrio hasta una estación, los transbordos y el recorrido que todavía queda después de entrar a Bogotá.
La Autopista Sur, una ruta obligada
La conexión entre Soacha y Bogotá depende en gran medida de la Autopista Sur, uno de los principales corredores de entrada y salida de la capital.
La congestión puede cambiar completamente el tiempo previsto para un viaje. En julio de 2026, por ejemplo, un trancón en el ingreso a Bogotá por Soacha llegó a extenderse cerca de 11 kilómetros y algunos conductores reportaron permanecer atrapados durante varias horas.
Para quien atraviesa este corredor ocasionalmente puede ser una demora. Para quien lo hace todos los días, puede representar una parte considerable de su jornada.
El tiempo también cuesta
Llegar de Soacha a Bogotá no solamente implica pagar un pasaje.
También se paga con tiempo.
Una persona que diariamente necesita varias horas para desplazarse puede terminar pasando una cantidad considerable de su semana dentro del transporte. Ese tiempo podría estar destinado al descanso, la familia, el estudio o incluso a actividades personales.
Por eso, hablar de movilidad no es únicamente hablar de carros, buses o infraestructura. También significa hablar de la calidad de vida de quienes dependen de estas rutas.
Las obras prometen cambiar el recorrido
La situación podría transformarse con las obras que actualmente avanzan en la Autopista Sur.
Uno de los proyectos contempla la eliminación de semáforos en un tramo clave mediante infraestructura que busca mejorar la circulación entre Soacha y Bogotá. La obra está proyectada para beneficiar a más de 400.000 personas.
A esto se suman los proyectos relacionados con la expansión y modernización del sistema de transporte. TransMilenio contempla, dentro de su Fase VI, infraestructura para nuevos buses eléctricos en el patio-portal El Vínculo, ubicado en Soacha.
La promesa es que, con mejores vías y transporte, el desplazamiento pueda ser más rápido y eficiente.
Pero mientras las obras avanzan, quienes viven diariamente esta ruta siguen teniendo que enfrentar la realidad del presente.
Soacha no está lejos: el problema es el tiempo
Decir que Soacha está “lejos de Bogotá” puede resultar sencillo, pero la distancia no se mide solamente en kilómetros.
Para muchas personas, la verdadera distancia está en las horas que necesitan para llegar a su trabajo, regresar a casa y repetir el recorrido al día siguiente.
Es una rutina que pocas veces aparece cuando se habla de grandes proyectos de infraestructura, pero que define la vida cotidiana de miles de habitantes.
Porque detrás de cada bus lleno, cada fila y cada trancón hay una persona que está intentando llegar a algún lugar.
Y quizás la pregunta no debería ser únicamente cuánto falta para que terminen las obras, sino cuánto tiempo de nuestras vidas seguimos dejando en el camino mientras esperamos que la movilidad de Soacha cambie.










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