Abrir la llave y encontrar agua parece uno de esos actos cotidianos que nadie cuestiona hasta que deja de ocurrir. Pero en varias regiones de Colombia esa escena comienza a cambiar. Racionamientos, reducción de caudales, carrotanques y llamados urgentes al ahorro están apareciendo mientras el país se prepara para un fenómeno de El Niño que, según los organismos científicos, podría mantenerse hasta comienzos de 2027.
La preocupación ya llegó al Gobierno nacional: Colombia declaró en julio una situación de desastre de carácter nacional por doce meses para anticiparse a los efectos de El Niño 2026-2027. Entre los principales riesgos están precisamente la reducción de lluvias y de fuentes de abastecimiento. El Gobierno identificó 558 municipios con riesgo alto o muy alto de desabastecimiento de agua potable; 111 están en nivel muy alto.
El Niño no significa que Colombia se quede sin lluvia
La primera aclaración científica es importante.
El Niño no es un interruptor que apaga las lluvias. El fenómeno modifica la circulación atmosférica y aumenta la probabilidad de temperaturas más altas y precipitaciones por debajo de lo normal en determinadas regiones y temporadas.
El IDEAM confirmó que las condiciones de El Niño ya están presentes tanto en el océano Pacífico como en la atmósfera y que continúan fortaleciéndose. Para el último trimestre de 2026 y comienzos de 2027 existe una probabilidad superior al 90 % de un evento de intensidad muy fuerte.
La Organización Meteorológica Mundial, además, calcula una probabilidad cercana al 100 % de que El Niño persista hasta febrero de 2027. Pero los científicos advierten algo fundamental: un fenómeno muy fuerte no produce exactamente el mismo efecto en todos los territorios. Depende de la región, la temporada y otros factores climáticos.
Cundinamarca ya siente la presión
La situación es especialmente delicada en el centro del país.
La CAR informó que revisará las concesiones de agua en 35 municipios que presentan alertas por riesgo de desabastecimiento. La autoridad puede reducir o suspender temporalmente algunas captaciones destinadas a actividades industriales, comerciales o agropecuarias cuando sea necesario para priorizar el consumo humano.
En su clasificación aparecen municipios con diferentes niveles de alerta: 12 en situación severa, seis en alerta roja, siete en naranja y 16 en amarilla. Entre los municipios mencionados por la CAR están Puerto Salgar, Viotá, Villeta, Caparrapí, Tocaima y El Colegio.
Y la respuesta ya está en marcha.
Empresas Públicas de Cundinamarca anunció que ha movilizado más de $2.000 millones para atender el desabastecimiento, con carrotanques, equipos de bombeo, tuberías y tanques. La operación ya ha permitido distribuir 16,8 millones de litros de agua potable a más de 97.000 habitantes.
Mesitas: donde el racionamiento ya es una realidad
Uno de los casos más particulares es Mesitas del Colegio.
El municipio cuenta con 22 acueductos rurales administrados por comunidades y asociaciones de usuarios, además del acueducto principal. En época normal, el sistema municipal atiende cerca de 18.000 usuarios, pero durante vacaciones y temporadas de alta afluencia la población puede llegar aproximadamente a 30.000 personas.
La disminución de las lluvias obligó a modificar los turnos de suministro.
La Alcaldía ha tenido que administrar las válvulas de la red, llevar agua a sectores altos y utilizar mecanismos de abastecimiento alternativo. Incluso se recuperó una volqueta municipal y se adaptó con un tanque capaz de transportar 9.000 litros por recorrido para atender comunidades afectadas.
Pero hay otro detalle que hace único al municipio.
Mesitas es conocido por sus numerosas piscinas. El alcalde señaló que existen alrededor de 1.500 piscinas, entre públicas y privadas, y que algunas podrían convertirse en espacios de almacenamiento para agua que no necesariamente tenga que ser potable, dependiendo del uso.
Eso cambia completamente la conversación: en una emergencia hídrica, una piscina deja de ser únicamente un espacio de recreación y puede convertirse en parte de una estrategia de almacenamiento y manejo del recurso.
¿Y qué pasa con Fusagasugá, Melgar y Girardot?
Aquí conviene evitar generalizaciones.
En Fusagasugá, Emserfusa reportó el 21 de septiembre que todavía no era necesario aplicar racionamiento y que el servicio se mantenía de manera continua, aunque la empresa reconocía la gravedad de las condiciones y pedía un ahorro extremo. Días antes sí se habían realizado suspensiones programadas para mantenimiento preventivo de las plantas La Venta y Central.
En Melgar, la discusión del agua tiene además un componente turístico. El municipio es conocido por su enorme número de piscinas y la Gobernación del Tolima ha reconocido la importancia económica de esta actividad. En 2026 el departamento también cuestionó nuevas exigencias sanitarias nacionales para las piscinas y anunció acciones jurídicas frente a ellas.
En Girardot, por ahora, no encontramos una confirmación oficial reciente que permita afirmar que exista un racionamiento general de agua potable por El Niño. Por eso no sería responsable presentar a los cuatro municipios como si estuvieran atravesando exactamente la misma situación.
Y esa diferencia es importante: la crisis hídrica no avanza de la misma manera en todo el territorio.
¿Qué puede hacer el Gobierno?
Las autoridades no están esperando únicamente a que vuelva la lluvia.
El Ministerio de Vivienda pidió a alcaldías, gobernaciones y empresas de servicios públicos identificar fuentes alternativas, recuperar pozos cuando sea técnica y ambientalmente viable, monitorear permanentemente las fuentes, controlar las pérdidas de agua y preparar sistemas de distribución mediante carrotanques.
La CAR también está ampliando los sistemas de recolección de agua lluvia. Para 2026 proyectó entregar 10.000 nuevos sistemas, con una meta acumulada de 21.000 kits en dos años. Según la entidad, el programa permite aprovechar cerca de 620.000 metros cúbicos de agua al mes y disminuir la presión sobre las fuentes.
Mientras tanto, la Superintendencia de Servicios Públicos pidió a los prestadores activar sus planes de contingencia y priorizar el suministro a hospitales, colegios, hogares de adultos mayores y otros servicios esenciales.
¿Cuándo podría mejorar?
Esta es quizás la pregunta que más se hacen las comunidades.
La respuesta científica no permite prometer una fecha exacta para que regresen las condiciones normales.
Los modelos internacionales indican que El Niño puede mantenerse hasta febrero de 2027, mientras que el IDEAM prevé su mayor intensidad entre finales de 2026 y comienzos de 2027. Después, las condiciones pueden cambiar, pero la recuperación de una fuente hídrica no necesariamente ocurre el mismo día en que regresan las lluvias.
Los ríos, quebradas, embalses, acuíferos y sistemas de abastecimiento necesitan tiempo para recuperar sus niveles.
Por eso, el reto no es solamente esperar que llueva.
Es llegar a ese momento con menos pérdidas en las redes, fuentes protegidas, sistemas alternativos, almacenamiento suficiente y ciudadanos acostumbrados a utilizar el agua con mayor responsabilidad.
La pregunta que queda abierta
Colombia tiene agua. El problema es que tener agua en el territorio no significa necesariamente tener agua disponible, tratada y distribuida en el momento y lugar donde una comunidad la necesita.
El Niño está poniendo esa diferencia sobre la mesa.
Y mientras en algunos municipios todavía se puede abrir la llave con normalidad, en otros las familias ya esperan turnos, reciben agua en carrotanques o aprenden a vivir con menos.
La pregunta, entonces, no es solamente cuándo terminará El Niño.
Es si Colombia llegará preparada al próximo periodo seco o volverá a reaccionar cuando el agua ya esté faltando.










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