El Concejo de Bogotá dio el primer sí al presupuesto distrital de 2026, un plan de más de $40 billones que promete transformar movilidad, seguridad, salud y educación.
Cuando una ciudad como Bogotá llama a sus habitantes a mirar más allá del día a día tráfico, trabajo, compromisos, es decidir el rumbo de políticas públicas, servicios, obras y, sobre todo, los sueños de millones de personas que esperan una ciudad más segura, eficiente y con oportunidades.
Hoy, esa apuesta recibió un impulso fuerte: en medio de debates, críticas y visiones contrapuestas, el Concejo de Bogotá dio luz verde en primer debate al presupuesto distrital 2026. Pero no todo es euphoría: también hay dudas, cuestionamientos y desafíos que podrían definir el éxito o el fracaso del plan.
Detalles clave del presupuesto aprobado
- El presupuesto aprobado asciende a $40,4 billones para la vigencia 2026. De este monto, $32,5 billones (≈ 80 %) se destinarán a inversión, $5,3 billones a funcionamiento y $2,6 billones al servicio de la deuda.
- La distribución prioriza sectores vitales como movilidad, salud, educación, seguridad e infraestructura.
- Según la administración, la propuesta fue construida con criterios de “prudencia fiscal”: el gasto de funcionamiento muestra un crecimiento moderado, mientras se busca maximizar la inversión pública.
La secretaria distrital de Hacienda, Ana María Cadena, señaló que este presupuesto permitirá consolidar los proyectos estratégicos del Plan Distrital de Desarrollo “Bogotá Camina Segura”, apuntando a servicios básicos, infraestructura, movilidad, educación y salud.
Las voces que levantan la bandera del alerta
Pese al aval del Concejo, no todos están convencidos de que el presupuesto sea suficiente o esté bien enfocado. Dos concejalas del Polo Democrático y de la Unión Patriótica presentaron ponencias negativas durante el debate. Entre sus críticas destacan: atrasos en metas 2025, falta de claridad en algunas partidas, dudas sobre cumplimiento real de inversiones y temor a que muchos programas queden “sobre papel”.
Señalan que varias metas planteadas para este año —y cuya ejecución debía servir de base para el presupuesto 2026 no alcanzaron avances significativos. Esto, según ellas, pone en cuestionamiento la efectividad de ciertos planes y exige mayor transparencia e informes claros antes de comprometer nuevos recursos.
Además, alertan sobre el aumento en el servicio de la deuda como signo de riesgo: algunas inversiones, aseguran, podrían hipotecarse ante complicaciones económicas o recortes en ingresos.
¿Qué sigue ahora? Los pasos decisivos
El presupuesto aprobado en primer debate no es definitivo. El proyecto seguirá su trámite en el Concejo de Bogotá, donde debe pasar por plenaria para su aprobación final.
Mientras tanto, la ciudadanía y los sectores críticos observan de cerca la ejecución de los recursos: quieren saber si las promesas se traducen en calles pavimentadas, hospitales, escuelas dignas, movilidad eficiente y servicios públicos mejores.
También será clave la rendición de cuentas: qué tan transparentes son los informes de ejecución, cómo se distribuyen los recursos y si los planes sociales llegan a donde deben llegar.
La aprobación en primer debate del presupuesto de 2026 representa una oportunidad histórica para Bogotá: la chance de invertir en lo urgente, planear lo necesario y apuntalar un desarrollo sostenible. Es una apuesta ambiciosa pero, como toda apuesta, con riesgos.
Que ocho de cada diez pesos estén destinados a inversión es una buena señal. Pero sin claridad, seguimiento y compromiso real, aún hay camino por recorrer. La ciudad y su gente estará vigilante.











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