La explicación está relacionada con una nueva manera de entender la seguridad. Ya no se trata solamente de proteger a los países de una guerra o de responder cuando ocurre un terremoto. También preocupa qué sucedería si varios servicios esenciales dejaran de funcionar al mismo tiempo.
La Comisión Europea presentó el 3 de noviembre de 2026 nuevas orientaciones para fortalecer la preparación de la población. Sus recomendaciones contemplan que las personas puedan cubrir sus necesidades básicas durante las primeras 72 horas, fortalecer la educación sobre riesgos desde los colegios y mejorar la comunicación de las autoridades con los ciudadanos.
Entre los escenarios que se consideran están:
- Conflictos militares y tensiones geopolíticas.
- Ciberataques contra bancos, hospitales, redes eléctricas y comunicaciones.
- Apagones prolongados y fallas en el suministro de agua.
- Terremotos, inundaciones, erupciones volcánicas y fenómenos meteorológicos extremos.
- Emergencias sanitarias y problemas en las cadenas de abastecimiento.
- Interrupciones tecnológicas que afecten servicios esenciales.
No es una predicción de que todos estos acontecimientos vayan a ocurrir. Es una estrategia para reducir la vulnerabilidad cuando se presentan crisis inesperadas.
¿Qué tiene que ver la inteligencia artificial?
La inteligencia artificial ocupa un lugar importante en esta discusión por dos razones.
La primera es su capacidad para ayudar a anticipar emergencias. Puede analizar grandes cantidades de información, apoyar sistemas de alerta temprana, identificar patrones meteorológicos, procesar imágenes y contribuir a coordinar recursos durante una catástrofe.
La segunda es el riesgo de que las nuevas tecnologías también sean utilizadas para cometer ataques. La Agencia de la Unión Europea para la Ciberseguridad (ENISA), en su panorama de amenazas de 2026, advierte sobre la utilización creciente de modelos de inteligencia artificial para apoyar operaciones maliciosas. También señala los riesgos que representan los ataques informáticos contra entidades públicas e infraestructuras esenciales.
Por eso, los investigadores europeos están estudiando tecnologías como sensores avanzados, sistemas autónomos apoyados por inteligencia artificial, mapas tridimensionales y modelos digitales de ciudades para mejorar la respuesta ante desastres.
La pregunta no es únicamente qué puede hacer la inteligencia artificial para salvar vidas, sino qué ocurriría si los sistemas tecnológicos de los que dependemos dejaran de funcionar.
¿Por qué vuelven a hablar de los búnkeres?
Los búnkeres son refugios diseñados para proteger a las personas frente a determinadas amenazas. Dependiendo de su construcción, pueden ofrecer protección ante explosiones, fragmentos, incendios, radiación o contaminación exterior.
Sin embargo, no todos los búnkeres ofrecen las mismas condiciones ni protegen frente a los mismos peligros. Un refugio convencional no necesariamente sirve como protección nuclear.
En este contexto hay que diferenciar dos realidades:
- Refugios de protección civil: hacen parte de estrategias públicas de protección de la población ante amenazas específicas.
- Búnkeres privados: son construcciones financiadas por particulares, empresarios o personas con grandes patrimonios que buscan disponer de espacios protegidos y suministros propios.
En los últimos años se ha informado sobre el interés de empresarios tecnológicos y personas multimillonarias en adquirir o construir refugios privados. En Colombia también hubo una conversación pública sobre un proyecto de búnker millonario impulsado por creadores de contenido y artistas en 2025. Sin embargo, esto no demuestra que exista una preparación generalizada de las familias de mayores ingresos del país.
Lo importante es investigar quiénes están invirtiendo realmente en estos espacios, cuánto cuestan, qué protección ofrecen y si responden a una necesidad de seguridad o a una percepción de riesgo.
¿Y Colombia? ¿Qué están haciendo las autoridades?
Aquí aparece una de las preguntas más importantes de nuestra investigación.
Colombia sí cuenta con mecanismos institucionales de prevención y preparación, aunque es necesario examinar qué tan ampliamente llegan a la ciudadanía y qué tan preparados están los territorios.
La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) realizó el 21 de octubre de 2026 el Simulacro Nacional de Respuesta a Emergencias. La convocatoria incluyó instituciones educativas, empresas, organizaciones comunitarias, familias y ciudadanía.
El ejercicio buscó evaluar no solamente las evacuaciones, sino también los mecanismos de comunicación, coordinación, toma de decisiones y capacidad de respuesta.
Por otra parte, el Ministerio de Educación incorporó en mayo de 2026 un proyecto para fortalecer la gestión del riesgo en las instituciones de educación superior, con lineamientos técnicos para universidades y otras instituciones.
La Cruz Roja Colombiana también ha insistido en que las familias deben identificar rutas de evacuación, establecer puntos de encuentro, definir contactos de emergencia y preparar sus propios suministros.
Pero esto abre otros interrogantes periodísticos:
- ¿Cuántos colegios y universidades realizan capacitaciones periódicas sobre diferentes escenarios de emergencia?
- ¿Las comunidades de barrios populares conocen los protocolos de actuación?
- ¿Las alcaldías cuentan con mecanismos de comunicación que funcionen si se cae internet o la telefonía?
- ¿Qué sucede con las personas mayores, los niños y las personas con discapacidad durante una emergencia?
- ¿Los ciudadanos saben cómo actuar si durante varios días no tienen electricidad, agua potable o acceso a alimentos?
No sería correcto afirmar que Colombia carece de alertas o programas de prevención. Lo que debemos investigar es la cobertura real, la frecuencia de las capacitaciones y las diferencias entre lo que está establecido en los documentos oficiales y lo que sucede en los barrios.
¿Los colombianos de mayores ingresos también se están preparando?
Este es otro ángulo que merece especial atención.
En diferentes países, empresarios tecnológicos, multimillonarios y personas de grandes fortunas han mostrado interés en refugios privados, propiedades aisladas, sistemas independientes de energía, reservas de agua y alimentos.
En Colombia también han surgido conversaciones públicas sobre la construcción de búnkeres privados, pero todavía necesitamos testimonios verificables para establecer si empresarios, familias de estratos altos o grandes inversionistas están desarrollando planes particulares de supervivencia.
Sería interesante conocer si existen empresas colombianas que ofrecen estos servicios, qué tipo de clientes los contratan, cuánto cuesta construir un refugio y si hay personas que ya están adquiriendo baterías de almacenamiento, generadores eléctricos, filtros de agua y sistemas de abastecimiento independiente.
La otra cara de esta discusión es la desigualdad: mientras algunas personas pueden invertir millones en espacios de protección, muchas familias colombianas todavía enfrentan dificultades para garantizar el acceso cotidiano al agua potable y a los servicios básicos.
Las fuentes que debemos poner frente a esta discusión
Para darle rigor al artículo, estos son los organismos y documentos fundamentales:
- Comisión Europea: nuevas orientaciones de preparación ciudadana del 3 de noviembre de 2026. Consultar el anuncio oficial.
- Agencia de la Unión Europea para la Ciberseguridad (ENISA): amenazas digitales e inteligencia artificial. Consultar el informe de amenazas 2026.
- Centro Común de Investigación de la Comisión Europea: tecnologías para la resiliencia ante desastres. Consultar investigación sobre resiliencia.
- UNGRD: preparación y respuesta de Colombia. Consultar el Simulacro Nacional 2026.
- Ministerio de Educación Nacional de Colombia: gestión del riesgo en educación superior. Consultar el proyecto educativo.
- FEMA: recomendaciones de suministros básicos y preparación familiar. Consultar la guía de preparación.










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