Terminar el colegio, entrar a la universidad, conseguir el primer empleo y comenzar a construir una vida independiente. Ese parece ser el camino esperado para millones de jóvenes. Sin embargo, entre hojas de vida que no reciben respuesta, contratos inestables, trabajos informales y salarios que no siempre alcanzan, esa transición puede convertirse en uno de los mayores desafíos de una generación.
Los datos más recientes muestran una situación que merece atención: aunque el desempleo juvenil en Colombia ha disminuido frente al año anterior, todavía afecta a una proporción importante de quienes intentan ingresar al mercado laboral. ¿Qué está pasando con los jóvenes que buscan su primera oportunidad y qué dicen los expertos sobre el futuro del trabajo?
Las cifras más recientes
Según el DANE, durante el trimestre móvil mayo-julio de 2026, la población entre 15 y 28 años registró una tasa de participación laboral de 55,8 % y una tasa de ocupación de 47,9 %.
La tasa de desempleo juvenil fue de 14,1 %, inferior al 15 % registrado en el mismo periodo de 2025. Es decir, hubo una reducción de 0,9 puntos porcentuales, pero el desempleo entre los jóvenes continúa siendo considerablemente superior a la tasa de desempleo nacional, que fue de 8,1 % en julio de 2026.
Pero hay otra cifra que ayuda a entender el problema: en Colombia, uno de cada cinco jóvenes entre los 15 y 24 años no estudia ni trabaja. Así lo señala una investigación publicada en agosto de 2026 por el Banco de la República, elaborada por los investigadores Francisco Javier Lasso-Valderrama y Carmiña Ofelia Vargas-Riaño.
El problema no siempre es estar desempleado
Tener trabajo tampoco significa necesariamente tener estabilidad.
En Colombia, el DANE registró una informalidad laboral nacional de 54,6 % entre mayo y julio de 2026. En las zonas rurales y centros poblados la cifra llegó al 83,2 %.
Esto significa que una parte importante de quienes logran trabajar lo hace en condiciones que pueden ofrecer menor protección social, menor estabilidad o dificultades para acceder a pensión y otros beneficios asociados al empleo formal.
La OCDE, en su revisión sobre el mercado laboral y las políticas sociales de Colombia publicada en julio de 2026, señaló que la informalidad continúa siendo uno de los principales desafíos del país. El organismo también reportó que, al cierre de 2025, 57 % de los trabajadores no realizaba aportes al sistema pensional, aunque esta proporción era de 70 % en 2011.
¿Qué ocurre cuando un joven no estudia ni trabaja?
La investigación del Banco de la República aporta un dato especialmente importante.
Los investigadores encontraron que la condición de no estudiar ni trabajar se acelera especialmente entre los 16 y 18 años y que puede permanecer en el tiempo. Además, identificaron que la mayoría de los jóvenes en esta situación pertenece a hogares de bajos ingresos, lo que muestra la relación entre las restricciones económicas, la continuidad educativa y el acceso al mercado laboral.
El estudio también encontró un efecto que va más allá de la juventud: quienes permanecieron en condición de Nini entre los 16 y 22 años presentaron, veinte años después, menores tasas de ocupación y mayores tasas de desempleo. En las mujeres, además, se observó una menor tasa de ocupación asalariada.
Es decir, la dificultad para conseguir una primera oportunidad puede dejar consecuencias que aparecen muchos años después.
Lo que está pasando en el mundo
Colombia no enfrenta este fenómeno de manera aislada.
La Organización Internacional del Trabajo publicó en agosto de 2026 su informe Tendencias mundiales del empleo juvenil 2026, y encontró que el desempleo juvenil mundial llegó al 12,4 % en 2025, equivalente a unos 67 millones de jóvenes entre 15 y 24 años.
Además, aproximadamente 20 % de los jóvenes del mundo no estaba empleado, estudiando o recibiendo formación, una situación que afecta a más de 257 millones de personas.
La OIT advierte que el problema está relacionado con el menor crecimiento económico, la débil creación de puestos de trabajo, las transformaciones tecnológicas y la desaparición o reducción de algunos empleos que tradicionalmente funcionaban como puerta de entrada para los trabajadores jóvenes.
La advertencia de los expertos internacionales
Gilbert F. Houngbo, director general de la OIT, ha señalado que una generación que no encuentra empleos decentes enfrenta dificultades para construir su futuro y que los países pierden talento, productividad y cohesión social cuando los jóvenes quedan fuera de empleos de calidad.
El informe internacional plantea, entre otras respuestas, fortalecer las competencias técnicas y también las habilidades sociales y cognitivas, ampliar la formación durante toda la vida, modernizar los servicios de empleo y extender la protección social a nuevas formas de trabajo.
El mensaje de fondo es que el problema no consiste únicamente en conseguir “cualquier empleo”, sino en lograr que la primera experiencia laboral pueda convertirse en una trayectoria sostenible.
La generación de las hojas de vida infinitas
Para muchos jóvenes, la entrada al mercado laboral comienza mucho antes de recibir el primer salario: cursos, idiomas, universidad, prácticas, certificaciones y decenas de hojas de vida enviadas a empresas.
Pero existe una contradicción: se exige experiencia para conseguir el primer empleo y, al mismo tiempo, se necesita ese primer empleo para comenzar a adquirir experiencia.
A esto se suma un mercado laboral que está cambiando. La OIT advierte que algunos empleos administrativos, de oficina, servicios, ventas, manufactura y determinadas ocupaciones técnicas están disminuyendo como puertas tradicionales de entrada para los jóvenes.
Por eso, el debate ya no gira solamente alrededor de cuántos jóvenes están desempleados. También gira alrededor de qué tipo de trabajos encontrarán, cuánto podrán permanecer en ellos y qué posibilidades tendrán de construir una vida independiente.
El primer empleo puede marcar una diferencia
Los datos colombianos muestran que la situación está lejos de ser uniforme. Hay jóvenes que ingresan rápidamente al mercado laboral, otros que combinan estudio y trabajo y otros que pasan largos periodos sin estudiar ni trabajar.
La investigación del Banco de la República muestra precisamente que esas experiencias iniciales pueden tener consecuencias posteriores. El ingreso temprano a una trayectoria de inactividad puede relacionarse con menores oportunidades laborales décadas después.
Por eso, hablar de empleo juvenil también significa hablar de educación, ingresos familiares, oportunidades territoriales, formación profesional, transporte, acceso a tecnología y condiciones del primer trabajo.
Una pregunta que queda sobre la mesa
Colombia tiene millones de jóvenes preparándose para entrar a una economía que está cambiando al mismo tiempo que ellos.
El desafío no termina cuando aparece una oferta laboral. La verdadera pregunta comienza allí: ¿ese trabajo permitirá a un joven pagar sus gastos, adquirir experiencia, acceder a protección social y construir el futuro que durante años le dijeron que debía alcanzar?
Los próximos años mostrarán si la generación que hoy está buscando su primera oportunidad logra convertir el trabajo en un punto de partida o si tendrá que pasar buena parte de su juventud intentando, una y otra vez, encontrar una puerta de entrada.










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