Antes de levantarnos, muchos ya lo hemos hecho. Abrimos los ojos, buscamos el celular y revisamos WhatsApp, las redes sociales o las noticias. La pantalla nos acompaña durante el desayuno, el transporte, las clases, el trabajo y, muchas veces, también se convierte en lo último que vemos antes de dormir.
El celular dejó de ser simplemente un aparato para llamar. Hoy es cámara, agenda, mapa, oficina, televisión y punto de encuentro. Pero entre tantas funciones aparece una pregunta cada vez más difícil de ignorar: ¿en qué momento dejamos de usar el celular y comenzamos a necesitarlo constantemente?
Los números detrás de la pantalla
El debate no se trata únicamente de cuántas horas pasamos mirando un dispositivo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de un estudio realizado con cerca de 280.000 adolescentes de 44 países y regiones, encontró que el 11 % presentaba señales de uso problemático de redes sociales en 2022. La cifra había sido del 7 % en 2018.
El estudio también encontró que el 36 % de los adolescentes mantenía contacto constante en línea con amigos y otras personas. Entre las jóvenes de 15 años, la cifra llegó al 44 %.
La OMS considera problemático un patrón de uso en el que una persona tiene dificultades para controlar las redes sociales y experimenta consecuencias negativas en otras áreas de su vida. Esto no significa que todas las personas que usan mucho el celular tengan una adicción, pero sí muestra que para una parte de los jóvenes la conexión puede empezar a interferir con otras actividades importantes.
Colombia también pasa horas frente a una pantalla
En Colombia, los datos oficiales también muestran una realidad preocupante.
El Ministerio de Salud informó que el 46,3 % de los escolares dedica más de tres horas diarias a actividades sedentarias frente a pantallas, como ver televisión, jugar videojuegos o navegar por internet.
La cifra no permite culpar únicamente al celular, porque incluye diferentes dispositivos y actividades. Sin embargo, deja una pregunta importante: ¿qué ocurre cuando una parte importante del día transcurre sentada frente a una pantalla?
El problema puede estar menos relacionado con un dispositivo específico y más con aquello que dejamos de hacer mientras lo utilizamos.
La primera pantalla y la última luz del día
Una de las escenas más comunes ocurre durante la noche.
“Cinco minutos más” puede convertirse en media hora revisando videos, mensajes o publicaciones. El celular se queda sobre la cama, junto a la almohada o incluso en la mano.
La relación entre pantallas y sueño ha sido estudiada por diferentes investigadores, aunque la ciencia recomienda evitar conclusiones demasiado simples.
Una revisión reciente de investigaciones sobre adolescentes reunió 127 estudios y más de 867.000 participantes. Sus resultados encontraron asociaciones entre el uso de dispositivos digitales y problemas como acostarse más tarde, dormir menos y una peor calidad del sueño, especialmente cuando el uso ocurre durante la noche.
Sin embargo, otra revisión y metaanálisis publicada en 2026 encontró algo importante: el aumento diario del tiempo de pantalla se relacionó con una hora de dormir ligeramente más tardía, pero no mostró una asociación significativa con todos los indicadores del sueño. El efecto negativo fue más claro cuando el uso ocurría después de la hora de acostarse.
La conclusión parece ser más compleja que simplemente decir: “todas las pantallas son malas”.
Importa cuánto usamos el dispositivo, pero también cuándo, para qué y qué estamos dejando de hacer por permanecer conectados.
¿El celular afecta la salud mental?
Esta es probablemente una de las preguntas más discutidas.
Las redes sociales pueden generar riesgos, especialmente cuando existe un uso problemático. Pero también pueden ofrecer beneficios: permiten mantener contacto con familiares, encontrar comunidades, aprender nuevas habilidades y acceder a información.
UNICEF ha insistido en que la tecnología digital puede tener efectos positivos o negativos dependiendo de la manera en que se utiliza, el contenido al que están expuestos niños y adolescentes y las experiencias que viven en internet.
Por eso, afirmar que “el celular causa problemas de salud mental” sería una simplificación.
La realidad es mucho más compleja.
Una persona puede utilizar las redes sociales para aprender, comunicarse o encontrar apoyo. Otra puede experimentar ansiedad, presión social, ciberacoso o dificultades para desconectarse.
La misma herramienta puede tener experiencias completamente diferentes según quién la utilice.
No todo es tiempo perdido
El celular también ha cambiado positivamente nuestra forma de vivir.
Hoy podemos estudiar desde casa, hablar con personas que están al otro lado del mundo, pedir ayuda durante una emergencia o encontrar información en cuestión de segundos.
Para muchos jóvenes, internet es también un espacio para descubrir intereses, desarrollar habilidades y construir comunidades.
UNICEF señala que la tecnología digital se ha convertido en una parte importante del aprendizaje, la comunicación y el desarrollo de competencias para el futuro. El desafío no consiste en eliminarla de la vida cotidiana, sino en aprender a convivir con ella de una manera más segura y equilibrada.
Entonces, ¿cuándo debería preocuparnos?
Quizás la señal más importante no sea el número exacto de horas.
Puede ser necesario revisar nuestros hábitos cuando el celular comienza a reemplazar constantemente actividades esenciales: dormir, estudiar, trabajar, conversar con otras personas o realizar actividad física.
También cuando sentimos ansiedad por no tener el teléfono cerca, cuando intentamos dejarlo y no podemos o cuando las notificaciones interrumpen permanentemente nuestra atención.
No se trata de apagar el celular para siempre.
Se trata de recuperar la capacidad de decidir cuándo queremos usarlo.
La vida también ocurre fuera de la pantalla
El teléfono probablemente seguirá siendo una de las herramientas más importantes de nuestra época.
No vamos a regresar a un mundo sin internet, sin redes sociales ni mensajes instantáneos. La pregunta, entonces, no es si debemos abandonar la tecnología.
La verdadera pregunta es otra:
¿Quién está tomando la decisión de mirar la pantalla: nosotros o la necesidad de revisar una notificación más?
Porque tal vez el problema no sea que el celular nunca se apaga.
Tal vez el verdadero riesgo es que, mientras la pantalla permanece encendida, olvidemos mirar todo lo que está ocurriendo frente a nosotros.










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