Una bolsa plástica, una botella, un colchón abandonado o una montaña de escombros pueden parecer problemas aislados. Sin embargo, cuando la lluvia arrastra estos residuos hacia los sumideros, los canales y las redes de drenaje, las consecuencias pueden afectar calles, viviendas, comercios y la movilidad de miles de personas.
Las inundaciones registradas en Soacha el miércoles 14 de octubre volvieron a poner sobre la mesa una pregunta que no debería surgir solamente cuando el agua ya está dentro de las casas: ¿estamos manejando correctamente nuestros residuos y qué responsabilidades tienen los ciudadanos, la Alcaldía y las empresas de servicios públicos para evitar que las basuras agraven las emergencias?
Cuando la lluvia encuentra una alcantarilla obstruida
Las lluvias intensas pueden superar la capacidad de drenaje de una ciudad. Si a esto se suman residuos, lodo, arena y escombros que bloquean los sumideros o reducen el paso del agua por canales y estructuras de drenaje, el riesgo de inundación aumenta.
Después de las emergencias del 14 de octubre, se reportaron afectaciones en sectores como La Esperanza, Julio Rincón, Quintanares, Nuevo Colón, La Capilla, El Barreno y Ciudadela Sucre, además de dificultades en la Autopista Sur. Las autoridades desplegaron maquinaria y equipos para retirar sedimentos y residuos, así como para atender los puntos críticos.
El alcalde Julián Sánchez Perico señaló que los materiales que descienden desde las zonas altas pueden llegar al canal Tibanica y al sistema de alcantarillado, donde contribuyen a generar obstrucciones. También hizo un llamado a evitar el abandono de muebles, electrodomésticos y otros objetos voluminosos en canales y espacios públicos.
Sin embargo, atribuir todas las inundaciones a la basura sería una explicación incompleta. La intensidad de las precipitaciones, las condiciones topográficas, el crecimiento urbano y la capacidad de las redes también influyen. Por eso, la prevención necesita responsabilidad ciudadana, infraestructura adecuada, mantenimiento y planificación.
Separar las basuras comienza en casa
Reciclar no consiste únicamente en guardar botellas o vender cartón. El primer paso es separar los residuos desde el lugar donde se producen y entregarlos de manera adecuada.
En Colombia existe un código nacional de colores para facilitar la separación de los residuos. Su aplicación permite diferenciar los materiales aprovechables, los residuos orgánicos aprovechables y aquellos que no pueden recuperarse mediante los procesos habituales de reciclaje.
Así puedes hacerlo:
- Bolsa o recipiente blanco: plástico, vidrio, metales, papel y cartón que puedan aprovecharse. Procura que estén vacíos, limpios y secos.
- Bolsa o recipiente verde: residuos orgánicos aprovechables, como restos de frutas y verduras, de acuerdo con las condiciones del programa local.
- Bolsa o recipiente negro: residuos no aprovechables, como papel higiénico usado, servilletas contaminadas con comida y otros materiales que no pueden recuperarse mediante el sistema habitual.
Hay una regla fundamental: ninguna de estas bolsas debe terminar en una alcantarilla, una quebrada, un canal o un lote abandonado.
Los medicamentos vencidos, las pilas, los aparatos electrónicos, el aceite usado y otros residuos especiales necesitan rutas de recolección específicas. No deben arrojarse al sanitario ni mezclarse sin precaución con los residuos domésticos.
¿Qué hacemos con los colchones, muebles y escombros?
Uno de los problemas más difíciles de manejar son los residuos voluminosos y de construcción. Un sofá viejo, un colchón, una nevera dañada o los restos de una obra no deben dejarse junto a un sumidero ni abandonarse en una esquina con la esperanza de que alguien se los lleve.
Estos materiales pueden obstruir el paso del agua y generar puntos críticos de acumulación de residuos.
Antes de sacarlos, es necesario consultar con el prestador del servicio de aseo las opciones, los horarios y los costos aplicables para su recolección. Los escombros de construcción y demolición tienen un manejo distinto al de la basura domiciliaria y deben entregarse a gestores o lugares autorizados.
En Soacha, la Alcaldía y Aguas de Bogotá anunciaron en noviembre de 2024 una intervención inicial de 55 puntos críticos, con una inversión cercana a los 500 millones de pesos, para retirar basuras, escombros y otros desechos. La iniciativa contemplaba maquinaria, cuadrillas operativas y actividades pedagógicas con las comunidades.
La pregunta que queda es cuánto tiempo permanecen limpios esos lugares después de una intervención y qué seguimiento se realiza para impedir que vuelvan a convertirse en botaderos.
¿Debería haber más canecas y contenedores?
Los recipientes de basura pueden ayudar, pero instalarlos sin planificación no resuelve por sí solo el problema.
En una ciudad con sectores densamente poblados, vías estrechas, barrios de difícil acceso y zonas rurales, la ubicación de los contenedores debe responder a las necesidades de cada territorio. También se necesita una frecuencia de recolección adecuada, limpieza de los puntos de disposición, educación ciudadana y vigilancia frente al arrojo ilegal de residuos.
No existe una regla universal que ordene instalar una caneca cada determinada cantidad de kilómetros en todo Soacha. La distancia y la cantidad de recipientes deben definirse mediante estudios de generación de residuos, densidad poblacional, accesibilidad, rutas de recolección y características de los espacios públicos.
En junio de 2026, un informe sobre la operación de Urbaser Soacha señaló que la empresa contaba con 2.572 contenedores instalados en distintos sectores del municipio y que la ciudad generaba cerca de 180.000 toneladas de residuos al año. Estas cifras, divulgadas por la compañía, permiten dimensionar el desafío, aunque no sustituyen una evaluación independiente de la cobertura y suficiencia de los contenedores.
El reto es comprobar si los recipientes están donde realmente se necesitan, si tienen capacidad suficiente y si se vacían oportunamente. Un contenedor desbordado también puede convertirse en un foco de dispersión de basura cuando llueve o sopla el viento.
¿De quién es la responsabilidad: Alcaldía, Urbaser o ciudadanía?
La respuesta es compartida, pero las obligaciones no son idénticas.
La Alcaldía debe planificar la gestión integral de residuos, asegurar que el servicio de aseo se preste de manera eficiente, desarrollar campañas de educación y coordinar las acciones necesarias para atender los puntos críticos. También debe impulsar las soluciones de infraestructura y gestión del riesgo que correspondan a sus competencias.
Urbaser, como prestador del servicio público de aseo en Soacha, tiene obligaciones relacionadas con las actividades que le corresponden dentro de su operación, como la recolección, el barrido y la limpieza, de acuerdo con las condiciones del servicio, las rutas y los programas establecidos. La empresa publica información sobre frecuencias y recorridos en sus canales de atención.
Es importante distinguir las funciones: la operación del servicio de aseo no significa que Urbaser sea responsable de toda la red de alcantarillado. La atención de sumideros, tuberías, canales y otras estructuras depende de la entidad o empresa que tenga a cargo cada infraestructura y de las competencias correspondientes.
Los ciudadanos también tienen obligaciones. Deben separar los residuos, respetar los horarios de recolección, utilizar los contenedores de forma adecuada y evitar arrojar basura, escombros o muebles en el espacio público.
En otras palabras, no es razonable exigir una ciudad limpia si los residuos se abandonan en la calle. Tampoco sería suficiente pedir cultura ciudadana si faltan cobertura, mantenimiento, infraestructura o una respuesta oportuna a los reportes comunitarios.
Soacha urbana y rural: un reto que necesita soluciones diferentes
La realidad de Soacha no es igual en todos sus sectores. En las zonas urbanas densamente pobladas, el desafío incluye la cantidad de residuos producidos, los puntos de acumulación, la circulación de peatones y vehículos y la capacidad de los sistemas de drenaje.
En sectores de ladera, las lluvias pueden arrastrar sedimentos y residuos desde las partes altas hacia las zonas bajas. Por eso, la limpieza de canales, los desarenadores y los puntos críticos debe complementarse con el control de la disposición de desechos y medidas para reducir el arrastre de materiales.
En las áreas rurales, las distancias, las vías y la dispersión de las viviendas pueden dificultar la recolección. El diagnóstico del Plan de Ordenamiento Territorial de Soacha publicado por la Alcaldía en 2023 identificó vacíos de información sobre la recolección de residuos sólidos en el área rural. Esto evidencia la necesidad de revisar la cobertura real y las alternativas disponibles para las comunidades que no cuentan con las mismas condiciones que los sectores urbanos.
La respuesta no debería ser simplemente poner más canecas en todas partes. Se necesita conocer dónde se producen los residuos, qué rutas pueden atender cada zona y qué alternativas seguras existen cuando la recolección convencional no es suficiente.
Las alcantarillas no son canecas
Una alcantarilla está diseñada para conducir agua, no para recibir residuos domésticos. Las colillas, bolsas, envolturas, botellas, aceites y restos de obra pueden acumularse en los sumideros y terminar en las redes de drenaje.
Hay acciones sencillas que ayudan a prevenirlo:
- Depositar la basura en los recipientes adecuados y respetar los horarios de recolección.
- No barrer hojas, tierra o residuos hacia los sumideros.
- Evitar arrojar aceite, pinturas, cemento u otros materiales por los desagües.
- Reportar alcantarillas tapadas, contenedores desbordados y botaderos ilegales a los canales oficiales.
- No intentar destapar estructuras profundas ni acercarse a corrientes de agua durante una inundación.
- Mantener los residuos voluminosos y de construcción fuera de canales, quebradas y zonas de drenaje.
Si el agua comienza a subir, la prioridad es alejarse de las corrientes, evitar transitar por vías inundadas y seguir las instrucciones de los organismos de emergencia.
La prevención no puede empezar cuando el agua ya entró a las casas
Las inundaciones de octubre volvieron a mostrar el costo que una emergencia puede tener para las familias, los comerciantes, los estudiantes y quienes deben atravesar la Autopista Sur para trabajar o estudiar.
La prevención requiere limpieza antes de las lluvias, mantenimiento de la infraestructura, contenedores bien ubicados, recolección suficiente, educación ambiental y respuesta institucional. También requiere que cada persona comprenda que abandonar un residuo en la calle no hace desaparecer el problema: simplemente lo traslada a otro lugar, muchas veces hacia donde el agua termina acumulándose.
La pregunta para Soacha no es únicamente cuántas toneladas de basura se recogen ni cuántas alcantarillas se destapan después de una emergencia. Es si la ciudad puede sostener un sistema que evite que los mismos puntos vuelvan a llenarse de residuos y si las autoridades, las empresas y las comunidades están dispuestas a medir los resultados, no solamente a reaccionar cuando llega la siguiente lluvia.
Porque una ciudad preparada para la lluvia no se construye solamente con maquinaria y obras: también se construye con decisiones cotidianas, servicios que funcionan y responsabilidades que no se dejan para después.










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